Si no robas en la calle, no robes en la red

Visitas una exposición de fotos. Te gusta una, así que aprovechas y te la llevas sin que nadie se dé cuenta. Al llegar a tu casa, la cuelgas en la pared. Vas a una librería, hojeas un manual que te vendría bien. Arrancas unas páginas que te sirven para un trabajo y las metes en tu bolsillo. En una tienda de música, te largas sin pagar un cd.

No sueles comportarte así, ¿verdad? O quizá sí: estás haciendo en tu casa, con tu ordenador, lo que no haces en la calle. Siempre censuré el corta pega en la prensa escrita y, en ese sentido (sólo en ese), la vida me ha situado en Guatepeor: In#Rede desarrolla todo su trabajo en internet, ese sitio en el que todo hijo de vecino se cree con derecho a todo. Y el redoble de tambor llega cuando el uso indebido de los materiales viene de supuestos profesionales: fotos robadas en muros de Facebook de empresas, desprecio por las licencias Creative Commons, vídeos subidos a Youtube con música comercial que no se ha pagado… Ya no es la fiesta de la gratuidad, es el paraíso del gorrón.

La premisa de que todo es de todos hace difícil explicar que hay límites que no se deben sobrepasar. O, mejor dicho, no es que sea difícil de explicar: es que hay quien no quiere entender.

– Pero lo hacen todos.

– Mal hecho.

– ¿Pero por qué?

– Porque no se puede descargar una imagen que es el anuncio de un perfume, modificarla a tu antojo y usarla. Y no se puede por algo que se llama propiedad intelectual.

¿Nos perjudica esta idea de gratuidad a los profesionales? Mucho, muchísimo. Personalmente, me irrita profundamente encontrar en una web un texto que he redactado yo. No es una cuestión de ego, yo escribo para clientes, así que sólo firmo en este blog y en el mío. El contenido original (novedoso) es un factor fundamental para conseguir que la página de un cliente sea la mejor posicionada en SEO. Parte de nuestra labor consiste en actualizar páginas y blogs con contenidos interesantes para el público objetivo de la marca. Buscamos la información hablando con los clientes, leyendo, haciendo entrevistas, etcétera. Y, una vez que la conseguimos, le damos forma y la preparamos para intentar posicionarla: selección de palabras clave, definición de etiquetas y demás trabajos técnicos. El cliente paga por ese servicio, que normalmente da muy buenos resultados: a medio plazo aumentan las visitas a la web y también las conversiones (el dinero llega, para entendernos, y todos estamos satisfechos).

De pronto, un día cualquiera, llegas a la web de la competencia de tu cliente porque estás realizando tareas de vigilancia. Y te dices “anda, cómo me suena este texto”. Y antes de usar cualquier herramienta para hacer una comprobación ya tienes la total certeza de que es tuyo. Te enfrentas al propietario de una empresa que es un gorrón (no paga por los servicios por los que sí paga nuestro cliente), a una trabajadora a la que le han cargado el mochuelo de actualizar la web y piensa que lo más fácil es hacer ctrl+v (su jefe es un insensato y ella una ignorante) o a un webmaster que ha prometido dotación de temas para la nueva web y que además cobra por ello.

No robes en la red

 

Hay todavía más: a Google no le gusta el contenido duplicado. No le gusta nada. Ni en distintas secciones de una misma web ni en páginas distintas. Así que puede haber un tirón de orejas, es decir, una pérdida de posicionamiento. Y eso no le gusta a ningún empresario.

Durante una temporada, me dediqué a llamar a quienes plagiaban contenido de las webs de nuestros clientes para que reculasen. El gorrón, una vez avisado, suele reconocer que en 30 segundos se ha apropiado de un trabajo en el que tú has invertido horas. Pero hay también quien te contesta con un “mándame un correo con el asunto, si haces el favor, que estoy en la calle” o algo peor: “eso del contenido duplicado no afecta”.

No sé cuál de las respuestas fue la que me animó definitivamente a dejar de avisar a los jetas del corta pega. Pero no llamo más: si copias algo que nos da de comer y peligra el posicionamiento de uno de nuestros clientes, te cae una denuncia ante Google. De paso comprobaremos qué tal responde…

¿Vas a seguir fusilando textos, usando imágenes que no son libres y metiendo la primera canción que encuentres en los vídeos que subes a Youtube?